Inmóvil como el colibrí
El escritor norteamericano Henry Miller publicó en 1962 una colección de ensayos titulada Inmóvil como el colibrí. En ella figuraba una reflexión curiosa sobre los niños de su época.

Después de una ausencia de trece años, algunos aspectos de Francia resaltan como fragmentos de un sueño olvidado. Resulta particularmente alentador el excelente comportamiento y la satisfacción evidente, a menudo con muy poco, de los niños franceses. Con una sensatez más propia de una edad mayor, no parecen por ello menos contentos al respecto.
En Francia notas enseguida que estás viviendo en un mundo de adultos; los niños ocupan un segundo lugar. En nuestro país, como todo el mundo sabe, los niños parecen ocupar el primer ligar. A consecuencia de ello, tenemos hombres y mujeres que nunca han madurado, que están continuamente insatisfechos y no sienten respeto auténtico por nada, y menos aún respeto mutuo ¿acaso no es atribuible gran parte de la frenética y malsana actividad del americano a la agitación y descontento de la infancia?
La innecesaria destrucción y reconstrucción que no cesa, supuestamente en nombre del progreso, es similar al comportamiento del niño mimado que, harto de sus mecanos, destruye de un manotazo lo que ha pasado horas creando. La única realidad válida en nuestro país es la del jardín de infancia.